Estás en un avión y yo no puedo poner los pies en la tierra.
Quiero dejarte ir, pero no quiero.
“Soy egoísta” pensé cuando me decías "Vamos muy rápido disfrutemos el momento".
Que nos disfrutemos.
La desesperación de mi cuerpo no huía de mí.
“Buscaría cada parte sensible de tu cuerpo” me dijiste.
Todo él es sensible, todo mi cuerpo se estremece cuando me respiras cerca.
Te obligue a besarme, nunca antes hice algo así.
Me respondiste con calma a tanta desesperación,
con un beso súper cálido.
Con las mejillas rojas, y con una ternura casi de película.
En la estación de subte más horrenda de Buenos aires.
Pero, ¿Qué es lo que me pasa que tengo una única reacción?
Estás a siete mil kilometros y ayer te tenía a centimetros.
Y todavía no aprendí a pasar las medidas.
Y todavía no aprendí a pasar las medidas.
Siempre me pasa lo mismo pensé, otro chico que está en mi cama y no llegamos a más.
Fuí totalmente egoísta en pensar que es lo único que quería. Porque realmente lo quería,
quería más saber que había estado con vos que realmente hacerlo.
Mi negación a sentir transmuta cuando se da cuenta que siente, es una alarma.
Una alerta… algo se enciende en mi cabeza y dice “Alguien va a salir lastimado”.
Mejor que quede así que no llegué a más.
Llegó a más, porque sentí.
“En un 80%”, como si lo que nos pasó se podría dar en etapas.
Quiero que me hagas lo que hiciste con mi cuello.
Realmente quiero escribir algo poético y me sale simple.
Lo simple es increíble.
Me jacté de lo fácil que es para mí dividir entre
lo carnal y lo romántico.
Nunca me imaginé que iba a llegar a tanto.
Tengo que volver mis pies a la tierra, y dejar de caminar por las nubes.
Si vuelo alto me encuentro, y aprendí mucho de mí con vos.
Aprendí que siento.
Comentarios
Publicar un comentario